Si la abuela fuma

Es indiscutible que vivimos en un país de pandereta y castañuelas. En este momento en el que todos los indicadores económicos son un desastre, en el que parece que todavía no hemos tocado fondo y la crisis sigue galopando sobre nuestra economía, en el que cada día vemos en las calles el cierre de muchos negocios, cuando la lista del paro sigue creciendo, los salarios sigue bajando, aumenta la edad de jubilación, la corrupción sigue instalada en todos los partidos… resulta que lo único que les preocupa a nuestros políticos es si la abuela fuma, o dicho con otras palabras, si al Congreso tienen que acudir o no con corbata.

De entrada les diría que, principalmente, al Congreso hay que acudir… que para eso cobran. Ver el hemiciclo vacío un día sí y otro también debería ser sancionable sacudiéndoles el bolsillo, que es el único sitio donde les duele. A usted, a mí y al churrero de la esquina no nos consentirían en nuestros centros de trabajo unos índices de absentismo laboral como los que presentan los mal llamados “padres de la patria”.

Si en España (o, como dicen otros, “enestepaís”) todo funcionase de perlas, se les podría consentir que se ausentasen de su puesto de trabajo para que no estropeasen nada. Pero tal y como está la situación, tenemos que exigirles que trabajen más que nunca, que arrimen el hombro y que se estrujen el cerebro para buscar soluciones imaginativas para salir de este agujero sin fondo.

Sobre el asuntito de la corbata, me parece que es crear una polémica estéril y sin sentido. Lo que me sorprende es que justo ahora que han aprobado unas normas sobre la vestimenta que deben llevar los visitantes, a nuestros políticos se les ocurra ir con estilo “casual”. Conociendo al personal, me temo que empezarán por ir sin corbata, seguirán por quitarse la chaqueta y acabarán presentándose en el debate sobre el estado de la nación en camiseta de manga sisa, bermudas por la media pierna, riñonera y gorra “p’atrás”.

Sr. Sebastián, ojalá que con el simple gesto de no llevar corbata durante los meses de verano consiguiésemos ahorrar energía y, de paso, salvar el clima y evitar el calentamiento global del planeta. Pero el problema es bastante más grave, ya que España es un país derrochador de energía, y el detalle de la corbata es insignificante y difícilmente demostrable su incidencia en el ahorro.

Así es que, volviendo al ejemplo del principio, no nos preocupemos de si la abuela fuma, y sí de que tenga una pensión digna, una asistencia sanitaria eficaz y una ley de dependencia que funcione… aunque de vez en cuando se eche un pitillito.

Caprichos del destino

Cuando éramos pequeños todos pensábamos en lo que íbamos a ser de mayores, y, una gran mayoría, acabamos dedicándonos a tareas con las que no contábamos. En mi caso, mi gran ilusión hubiese sido jugar en el Barça de delantero centro (los que habéis llevado sobre vuestras espaldas el peso del número “9”sabéis de lo que os hablo); sin embargo, acabé entregándole mis mejores años a la administración autonómica gallega, la cual se aprovechó de todo mi talento.

En este post planteo tres supuestos sobre “lo que pudo haber sido y no fue”:

. Mourinho y Karanka: son la versión 2.0 de Mari Carmen y Doña Rogelia o de José Luis Moreno y Rockefeller, pero sin gracia. Resulta sorprendente que Mou, tras unos inicios como traductor, llegase a ser el entrenador mejor pagado gracias a su fichaje por el proclamado “mejor equipo del mundo” (así, sin anestesia y con repique de bombo). Pero más asombrosa resulta la carrera de “guiñol” Karanka, un rudo central sin ninguna experiencia en los banquillos, que acabó sentándose a dar ruedas de prensa en partidos de Champións… ¡ver para creer!

Pero no se alarmen, porque el destino es igual de caprichoso en uno y en otro sentido; así, gracias a su verborrea, el autodenominado The Special One probablemente acabe de tertuliano en programas del estilo de Sálvame Deluxe o Punto Pelota; más difícil lo tiene Karanka, un tipo triste y con menos gracia que un sonajero sin bolas, por lo que le auguro un futuro como figurante en cortejos fúnebres.

. Alfredo P. Rubalcaba: conocido como Alfredo “el químico”, tanto por su formación universitaria como por la facilidad que tiene para pergeñar pendencias en su despacho-laboratorio con el fin de liquidar a sus rivales políticos (tanto dentro como fuera de su partido). Es fácil imaginárselo rodeado de probetas echando humo o de cachivaches imposibles, al más puro estilo del Doctor Bacterio de los tebeos de Mortadelo y Filemón. En vez de eso, acabó siendo el mejor fontanero de la Moncloa, ya que conoce como nadie las cloacas del Estado.

Será el candidato del partido socialista en las próximas elecciones generales, y, de ganarlas, es fácil imaginárselo acudiendo a las reuniones del Consejo Europeo con un soplete y una caja de herramientas, en vez de con estilográfica y maletín portadocumentos.

. Dominique Strauss-Khan: reunía todas las cualidades para haber sido un fantástico presidente de jurado de concursos de “miss camiseta mojada”. Sin embargo, y por arte de birlibirloque, acabó engatusando a una guapa millonaria francesa, y, por estar el día oportuno en el lugar adecuado, consiguió acceder al puesto de director-gerente del Fondo Monetario Internacional. Por si eso fuese poco, estuvo a punto de ser elegido líder del Partido Socialista francés.

Pero al final, DSK, máximo representante de la conocida como “gauche caviar”, acabó sucumbiendo a los influjos de su entrepierna y, por un “aquí te pillo, aquí te mato”, destrozó su brillante carrera política y financiera. A pesar de estar a punto de ser declarado no culpable de una acusación por intento de violación, ya no podrá librarse de su bien ganada fama de viejo verde, lo que le puede valer para trabajar en  discotecas como experto en fiestas de la espuma. (Más información sobre DSK en mi post del día 26/05/2011 titulado Desde que amanece, apetece).

Conversaciones de ascensor

conversacion-ascensor-desconocidosDesde hace años el tema de conversación en el interior de un ascensor ha sido, por antonomasia, el tiempo. Cuando uno se sube a un ascensor suele encontrarse con el mismo tipo de personas: la señora del 4º entrada en carnes, que desprende ese olor tan característico mezcla de colonia de baratillo con un ligero tufillo a lavavajillas; el vejete del 2ºB, a quien en su última visita al dentista le colocaron, en vez de una dentadura, unas castañuelas; la vecina coqueta del 7º, que sabe que todavía está de buen ver, y siempre va acompañada por su hijo, un chaval muy simpático, empeñado en hacer gracia dándote golpecitos en tus partes blandas…

Fuese cual fuese nuestro compañero de viaje, el comentario hasta no hace mucho, era invariablemente “parece que va a llover…”. En este caso, lo más inteligente era contestar con un lacónico “parece”, siempre en voz baja y con la mirada perdida en el suelo.

Otra observación muy socorrida era la que solía hacer el vecino listillo del ático, quien, mientras se frotaba las manos, repetía invariablemente un día sí y otro también “¡qué mañana tan fresca!”, a lo que uno, si ese día se había levantado simpático, podría responder perfectamente “¡coño, como que es de hoy!”.

Pero hoy en día la gente está mucho más preparada, y los temas de conversación en un ascensor han alcanzado un nivel intelectual que no está al alcance de cualquiera. Así, a uno le pueden espetar a primera hora de la mañana un angustioso “parece que Moody’s ha bajado el rating de Grecia”,  un inquietante “parece que la bacteria E.coli causa estragos en Alemania”, un acongojante “parece que el reactor nuclear de Fukusima va a devastar Japón” o un indescifrable “parece que el hashtang #wikileaks es trending topic en twitter”.

Ante cuestiones de tanta enjundia, mi consejo es contestar siempre lo mismo y con la misma actitud que cuando el único tema a tratar era el estado del tiempo: “parece”; cualquier otra respuesta puede dar lugar a un innecesario debate del que tendremos muy pocas posibilidades de salir indemnes. Es más, es los últimos tiempos, y en los pocos edificios de relumbrón que todavía mantienen la figura del ascensorista, están pensando en cambiar a éste por un moderador,  que sea quien marque los temas a tratar, asigne los turnos de las intervenciones y exija certificación académica a todos los usuarios.

En mi caso, y gracias a mi cardiólogo, estoy exento de aguantar a este tipo de pelmazos; desde hace unos meses, y por prescripción facultativa, subo y bajo por las escaleras, comportamiento muy saludable, tanto física como mentalmente, que me atrevo a recomendarles, ya que además les liberará de comprobar su escaso conocimiento sobre los asuntos de actualidad.

Les invito a que, a través de sus comentarios, nos pongan en alerta sobre qué otros temas se tratan hoy en día en esas reducidas cámaras de las ideas, llamadas vulgarmente ascensores.

Se está tramitando

A principios del siglo XIX, el escritor y periodista Mariano José de Larra publicó uno de sus más famosos artículos, en el cual, bajo el título de Vuelva usted mañana, se despachaba a gusto contra las prácticas de la Administración de la época. En dicho artículo, relataba la experiencia de un ciudadano francés que vino a España a hacer unas gestiones para invertir capital en negocios españoles; tras una interminable sucesión de errores, trabas administrativas y procedimientos farragosos, unido a la desidia de los funcionarios, lo que pensaba que iba a tardar 10 días en resolver se convirtieron en una pesadilla que duró más de seis meses; con el agravante de que, al final, tuvo que desistir y volverse a su país sin conseguir el objetivo pretendido.

Ha pasado mucho tiempo y la situación ha cambiado radicalmente. Hoy en día, la Administración Pública española está formada por funcionarios preparados, profesionales y expertos en las materias que desempeñan. También la implantación  de nuevos sistemas informáticos ha agilizado las gestiones administrativas, pudiendo realizarse muchas de ellas sin necesidad de personarse el interesado. En este campo, la Agencia Tributaria y la Seguridad Social han estado a la cabeza de los avances en las relaciones vía internet con los particulares.

De todas formas, hace años la Agencia Tributaria implantó un servicio de consulta telefónica para cuestiones relacionadas con la situación de las declaraciones sobre la renta, y sucedió lo siguiente: el interesado llamaba a un número gratuito en el que un contestador automático le solicitaba que, a través del teclado del teléfono, se identificase con su nif y marcase qué tipo de consulta deseaba realizar. La respuesta era siempre la misma: se está tramitando.

Ante esto, un periodista desconfiado llamó a dicho número con un nif inventado para preguntar sobre un inexistente trámite y, para su asombro, la contestación fue la misma: se está tramitando. El asunto acabó en las páginas de los periódicos y la Agencia Tributaria tuvo que pedir disculpas, amparándose, como no podía ser de otra forma, en el socorrido error informático.

En la década de los noventa fue muy comentada por los pasillos de San Caetano, sede del gobierno autónomo gallego, la anécdota protagonizada por un conselleiro (ferrolano y amante del baloncesto) cuando se dirigió a un miembro de su personal directivo, para interesarse por un expediente. La respuesta, aunque les cueste creerlo, fue el consabido “se está tramitando”. El conselleiro en cuestión, hombre vehemente, se puso hecho un basilisco y, tras soltar algún que otro exabrupto,  exigió que de inmediato le informasen sobre qué trámites habían concluido, cuales se estaban realizando en esos momentos, y cuales estaban pendientes y en qué plazo esperaban resolverlos.

Esperemos que, dentro de poco tiempo, estas dos muletillas administrativas no sean más que un lejano recuerdo que nos provoque una sonrisa, y que ello sea debido a que las Administraciones Públicas han seguido evolucionado, renovándose y adaptándose cada vez más a las necesidades de los ciudadanos.

Por cierto, no me pongan en el brete de que les diga cuando publicaré mi próximo artículo… ya se imaginan la respuesta: ¡se está tramitando!

Desde que amanece, apetece

El inefable Dominique Strauss-Khan bien podía haber sido el protagonista de la película española que da título a este artículo, a la vista del currículum que presenta en la modalidad “bragueta suelta”. Pero a medida que se van conociendo más detalles sobre el presunto encuentro sexual que tuvo con una camarera guineana en la habitación de un hotel, podemos imaginárnoslo perfectamente como uno de los más fervientes seguidores del landismo, figura cinematográfica creada en los años 70 por el gran Alfredo Landa. Así DSK podía haber competido con nuestro admirado Landa por haber conseguido el papel protagonista de desternillantes películas, tales como No desearás al vecino del quinto, Aunque la hormona se vista de seda, Manolo (o Dominique) la nuit, El reprimido o Fin de semana al desnudo. Ahora bien, tras imaginarnos el deplorable espectáculo que ofreció brincando en porretas detrás de su presa, creo que el papel que le iría al pelo sería el de principal protagonista del peliculón Solo ante el streaking.

También pudo ser un duro rival de otra estrella televisiva como fue Benny Hill. No me digan que no es fácil verle protagonizando “El Show de DSK”, siendo el paciente de un hospital que va corre que te corre detrás de enfermeras enfundadas en minúsculos vestidos, o tocándole el pandero a cualquier jovencita con la que se cruzase por la calle.

Bromas aparte, el ya ex director gerente del Fondo Monetario Internacional encaja perfectamente en el prototipo de hombre con comportamientos sexuales primitivos, y obsesionado por perseguir tanto a camareras uniformadas como a enfermeras o a colegialas con coletas y falda plisada. Así se ha sabido que justo antes de ser arrestado en el interior de un avión, sus últimas palabras fueron “bonito trasero”, lindeza dirigida a una azafata que acababa de pasar a su lado.

Para finalizar, me gustaría compartir con mis queridos lectores una exclusiva que he conseguido, y que es la trascripción de la conversación literal entre DSK y la policía en el momento de ser detenido:

–          FMI?

–          Yes.

–          FBI.

–          Ah!!!

Pues eso.