La hostelería tiene que ser parte de la solución

Cuando empecé a trabajar, hace ya unos añitos, tenía un jefe que siempre decía que España era un país que tenía «mucha legislación y poca inspección», lo que favorecía que los más avispados siempre le diesen una vuelta más al columpio y se las ingeniasen para incumplir las leyes. Venía a defender que hubiese menos normativa, menos farragosa y con unas disposiciones sancionadoras coercitivas, que las diferentes administraciones no se pisasen sus competencias, y al mismo tiempo unos servicios de inspección ágiles y con los medios suficientes para poder realizar su función inspectora y denunciar a los infractores.

También tuve un profesor en la Facultad de Derecho en Santiago que el primer día de clase nos enseñó lo que era el principio de igualdad, y se me quedó grabado. Decía que, erróneamente, muchos pensaban que el principio de igualdad era tratar a todo el mundo igual. Y no es así y nos lo explicó. Según su razonamiento, el principio de igualdad se basaba en tratar por igual situaciones iguales. Sensu contrario, si tratas por igual situaciones desiguales, generas desigualdad. Esto, que puede parecer una perogrullada, es la base de todo.

Y ahora después de esta chapa que os he atizado a modo de introducción, voy al grano. ¿Por qué tiene que cerrar TODA la hostelería para controlar el coronavirus? Volviendo al comienzo de mi argumentario, por la falta de una normativa clara y de obligado cumplimiento, como establecimiento de franjas horarias, obligación del uso de mascarillas, control de aforos y distancias de seguridad, manipulación de alimentos, lavado de manos, controles sanitarios al personal, obligación de pagos por medios electrónicos, cartas en código QR… todo lo que haga falta para garantizar la seguridad de trabajadores y clientes. A partir de ahí, que funcionen las inspecciones, y sin paños calientes, tanto para hosteleros resabiados como para usuarios irresponsables.

Al que haya que denunciar que se le denuncie, al que haya que sancionar que se le sancione y al que haya que clausurarle el local que se le clausure, ¿pero por qué se ordena el cierre de TODOS? ¿Cómo medida preventiva? ¿Es justo tratar igual al que cumple como al que no? ¿Dificultades o incapacidad para controlar?

No sé vosotros, pero yo me he sentido más seguro en muchos bares tomando el aperitivo que haciendo la compra diaria, o en las rebajas en un centro comercial, o utilizando el transporte público. Además, ningún sector tiene que cargar con la incompetencia de las administraciones. Y el de la hostelería menos, por toda la actividad económica que genera a su alrededor y por todo lo que nos da a los que, como se dice en términos coloquiales, estamos al otro lado de la barra.

Y acabo. Este post no ha sido más que un pequeño desahogo para expresar mi opinión ante este debate y una forma de expresar mi apoyo a tantos hosteleros de mi ciudad, muchos de ellos buenos amigos, que llevan toda su vida trabajando duro, creando empleo y que no se merecen este trato.

 

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