Rajoy chapotea en el río Umia

rajoy-rio--575x323He sido de los primeros en criticar a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, por muchas de las medidas que ha tomado durante estos últimos cuatro años y por el reiterado incumplimiento de su programa electoral, amparándose en el vergonzoso soniquete de ‘la herencia recibida’. Y seguiré haciéndolo.

Ahora bien, no contéis conmigo para atizarle por haberse dado un chapuzón en las augas del río Umia, a su paso por la localidad pontevedresa de Meis. Es más, cuando lo más fácil hubiese sido irse a disfrutar de las playas más glamourosas de la Costa del Sol o de la calitas de cualquiera de las Islas Baleares, el presidente Rajoy ha elegido un rincón de Galicia para demostrar sus cualidades acuáticas. Sería interesante saber cuánta gente de fuera de Galicia había oído hablar del Umia y cuántos visitantes curiosos recibirá a partir de ahora.

De los gallegos se dice que no se sabe si subimos o bajamos una escalera. De Rajoy puede decirse, a mayores, que no se sabe si salta los peldaños de dos en dos o si se desliza por al pasamanos. Pero esa cualidad, como gallego que soy, la considero un piropo.

Y un aviso para los ingeniosos que han aprovechado el baño presidencial para afirmar que “Rajoy se moja”: me temo que, parafraseando el conocido dicho “Fulanito no se moja ni debajo de la ducha”, se puede afirmar que “Rajoy no se moja… ¡ni chapoteando en el río Umia!”.

Quiero Galicia

La nueva campaña publicitaria de Turgalicia ha vuelto a sorprender. Mensajes como “Quiero respirar, quiero conocer, quiero salir, quiero caminar…” o “el lugar donde tus deseos se hacen realidad”, unidos a unas imágenes de gran impacto han conseguido, una temporada más, su primer objetivo, como es contar con el aplauso del público. Ahora falta el más importante, como es lograr que turistas y visitantes se acerquen a conocernos  y a difrutar de esta tierra.

¿A vosotros os ha gustado la campaña Quiero Galicia? A mí también 😉

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Mala educación, feísmo, marquesinas-maceta y dejadez

marquesina macetero

Hace unos días publiqué en mi facebook una fotos que realicé durante un paseo por la presa de Cecebre. Dichas fotos tuvieron mucho éxito entre mis amigos, que lo manifestaron con sus ‘me gusta’ y varios comentarios.

Por desgracia, no es todo tan maravilloso como se veía en esas imágenes, ya que algunas zonas de ese recorrido están llenas de restos de basura, papeles, botellas y botes de refrescos. Pero claro, si hasta en la cima del Everest se recogen kilos de porquería, cómo no los va a haber a apenas quince minutos de La Coruña, en un entorno natural supuestamente protegido. El problema es de mala educación y falta de ‘sentidiño’ de quienes van tirando sus desperdicios, unido a la falta de concienciación de que cuidar el medio ambiente es una tarea de todos.

En Galicia ya bastante tenemos con lidiar con el ‘feísmo’, que es esa práctica tan extendida por todos nuestros municipios, en los que la unión del mal gusto, las cacicadas de los políticos de turno y el afán de los técnicos municipales de llenarse los bolsillos, han dado como resultado auténticas barbaridades urbanísticas sin respetar ni costas ni ríos ni embalses ni montes ni gaitas en vinagre.

El ‘feismo’ también va ligado a dos curiosas teorías muy arraigadas sobre todo en lo que se denomina ‘el rural’. La primera es la de ‘tú haz una casa y ya verás como nadie se atreve a tirártela’ y la segunda, más curiosa todavía, se resume en que ‘de una parra siempre salió una casa’. Vamos, que hemos llegado a ver como algo habitual que comprando un terreno en el que se construye un galpón para guardar herramientas, éste se vaya ampliando por arte de birlibirloque hasta acabar convertido en un chalet de dos plantas con porche, galería y balcones.

Ya como remate tenemos disparates como el de la imagen que ilustra este post. Se trata de la denominada ‘marquesina-macetero’, que no es más que una marquesina situada estratégicamente en un lugar por el que jamás pasa un autobús, que acaba cubriéndose de zarzas, tojos y maleza, y que únicamente es utilizada por los viandantes para aliviar sus vejigas o, en casos de máxima urgencia, facilitar el tránsito intestinal.

Y aquí es donde hay que denunciar la dejadez por parte de las administraciones. Y lo escribo en plural porque seguro que por un ‘tírame allá unas competencias a la cabeza’ ninguna administración se hace cargo de algo que tardaría cinco minutos en solucionarse, como sería enviar a dos operarios en una furgoneta para que desmontasen el adefesio en cuestión.

Desde Con dos cubitos propongo que, ante la falta de iniciativas por parte de las administraciones públicas, denunciemos y demos publicidad a través de las redes sociales a cuanto monumento al disparate nos vayamos encontrando. Yo ya he empezado, ¿quién más se apunta?