El debate sobre los debates

debateDebates a dos, debates a cuatro, debates en la televisión pública o en las privadas, quién moderará los debates, qué formato tendrán los debates… Pues en éstas andan los principales partidos que volverán a presentarse a las elecciones del próximo 26 de junio con los mismos cabezas de lista que fueron incapaces de pactar para formar gobierno.

Acreditada su nula disposición para mover sus posturas en búsqueda del bien común, cinco meses después todos siguen mirándose el ombliguito, buscando única y exclusivamente su beneficio personal y partidista. Si antes de las pasadas elecciones Rajoy solo quiso debatir con Pedro Sánchez y éste a su vez insistió en participar en el formato ‘a cuatro’, ahora le han dado la vuelta a la tortilla, y mientras el presidente en funciones prefiere un totum revolutum antes que otorgarle al candidato socialista el papel de alternativa de gobierno, Sánchez se muestra reacio a participar en ese formato, ya que sabe que tendrá que repeler munición enemiga desde derecha, izquierda y centro.

Y a todo esto, después de esta campaña electoral en la que llevamos enfangados casi medio año, ¿qué incidencia puede tener un debate en la decisión de los votantes? ¿o es que realmente se creen que somos más bobos de lo que parecemos?

El ‘coño’ poco natural de Pedro Sánchez

Emplear el ‘taco’ apropiado en el momento justo es un arte que, como tal, no todo el mundo posee. Ciertas expresiones salidas de según qué bocas pueden resultar incluso graciosas, mientras en otras son auténticos monumentos a la mala educación.

Palabras del idioma español como ‘coño’, ‘cojones’ o ‘carajo’, y sus variantes en cualquiera de las otras lenguas oficiales del estado, son empleadas a diario y forman parte de nuestro vocabulario habitual. Así es que ahora no vamos a ponernos noños porque un político suelte un ‘coño’ ante los medios de comunicación.

Lo que sí es criticable es que el ‘coño’ que empleó Pedro Sánchez para atizarle a Rajoy – por no haber acudido a embarrarse los zapatos por las inundaciones provocadas por el desbordamiento del río Ebro -, sonó a premeditado y no quedó nada natural al parecer que estaba sobreactuando. Es más, dio la impresión de que al mismo tiempo que declaraba “¿qué coño…?” estaba pensando “con este coño estoy quedando de cojones”.

Pero lo que resultó especialmente chusco ha sido, una vez más, ver como a nuestros políticos les gusta más una foto ante una catástrofe natural que comer con las manos. Ver a Pedro Sánchez manchádose los zapatos de barro me hizo recordar a Núñez Feijóo, el presidente de la Xunta de Galicia, ‘apagando’ un incendio en un monte con una manguerita de la cual salía un chorro de agua ridículo. Y existen muchos más ejemplos.

Políticos de todos los colores, si de verdad quieren que les tomemos en serio déjense de esa fotos para la galería y remánguense en donde se tienen que remangar, que es trabajando en sus despachos. Porque la mejor forma de evitar catástrofes naturales, como inundaciones o incendios, es tomar a tiempo las adecuadas medidas de prevención como son, en estos casos, limpiar los cauces de los ríos y mantener limpios los montes de maleza. Y, por supuesto, poner los mecanismos necesarios para que se cumplan.

Como no podía ser de otra forma, el episodio protagonizado por el líder del PSOE no pasó desapercibido en la redes sociales. Por eso, de despedida, no me resisto a mostraros un tuit que publiqué en mi cuenta @AleguimaD

Los vergonzosos viajes ‘gratis total’ de nuestros políticos

billetes-avionA raíz del caso de los viajes a Canarias que realizaba Monago en su época de senador, sin justificación aparente y en los que presuntamente se mezclaba trabajo y placer, ha quedado meridianamente claro que diputados y senadores viajan alegremente con cargo a los fondos públicos sin ningún tipo de control, ni de sus partidos ni de las cámaras a las que representan. Como dicho comportamiento no es ilegal, nadie puede acusar en este caso a Monago de haber cometido un delito, aunque parece claro que tanto política como moralmente no es un hecho defendible.

Destapado el ‘monagogate’ y ante la repercusión social que estaba adquiriendo, se planteó el debate sobre la necesidad de establecer un control sobre los viajes de diputados y senadores, a lo que se mostraron reacios la práctica totalidad de los partidos políticos.

“Personalmente creo que la Cámara no tiene por qué conocer y dar publicidad a los viajes de todos los diputados. Lo que garantizamos es que el dinero público se gasta correctamente”, declaró Jesús Posada, presidente del Congreso, en lo que podría calificarse como una vergonzosa dejación de funciones.

Ahora PP y PSOE han llegado a un acuerdo de la señorita Pepis para establecer un control limitado de los viajes de los diputados. Dicho acuerdo es tan limitado como poco transparente, ya que solo se publicará la cifra global de gasto por trimestres, pero sin especificar ni motivos de los viajes ni grupos parlamentarios ni mucho menos el no nombre de los diputados.

Otra cuestión sobre la que han pasado de puntillas es sobre quién debe pagar los gastos de los viajes de miembros de las cámaras a actos de partidos, y han decidido que todo siga como hasta ahora y que sean las Cortas las que sigan haciendo frente a dichos gastos por considerarlo como una prolongación de su actividad.

Este lifting que se han hecho sus señorías no ocultan el problema, ya que en realidad seguirán gastando nuestro dinero en viajes, hoteles y restaurantes y seguiremos sin ver las facturas y sin saber los motivos.

Si no hay nada que ocultar, la solución tampoco parece muy difícil: que los jefes de cada grupo parlamentario sean los encargados de autorizar los desplazamientos de los miembros de su grupo y que, mensualmente, presenten ante los presidentes de las Cámaras un listado de los viajes realizados, detallando nombre, importes y motivo del desplazamiento, adjuntando las facturas correspondientes.

Y lo que ya sería para nota y demostraría que somos un país serio, que está dispuesto a acabar con el despilfarro de los fondos públicos por parte de nuestros representantes, sería que esos listados fuesen de dominio público y se publicasen en las web oficiales de Congreso y Senado.

Lo triste es que, como siempre, en estos casos se pondrán de acuerdo, pero no para racionalizar los gastos, sino para tapar sus vergüenzas.