Colleja a Kant

rajoy en cope

Todavía no ha comenzado la campaña electoral – por favor, intentad leerlo sin reíros “todavía no ha comenzado la campaña electoral” – y ya tenemos a nuestros políticos hasta en la sopa. Desde luego se podría decir que España es un país que vive en permanente campaña electoral, y que en el tiempo libre que tienen entre ir a un mitín, a un programa de televisión, a radiar un partido de fútbol o a debatir con tertulianos, algunos de nuestros políticos intentan gobernar mientras otros hacen oposición.

El debate político de esta semana se resume en que el presidente del gobierno, mientras le da una colleja a su hijo, opina que Bale es más peligroso que Pablo Iglesias; en que Pedro Sánchez hace unos zumitos muy ricos mientras sonríe como si estuviese protagonizando un anuncio de dentífricos; y que Albert Rivera y Pablo Iglesias conocen a Kant de oídas, como la mayoría de los ciudadanos. Perdón, me refiero a la mayoría de ciudadanos ‘no tertulianos’, porque los tertulianos sí que se han leído las obras completas de Kant. Y ya no digamos los tuiteros, que además se las han leído… pero en alemán.

Pues mi resumen de estos días de apasionante debate político-chufletero es que todos tienen mucho de Kant… pero de KANT-AMAÑAS.

 

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Ojalá nos gobernasen los buenos

filosofia

Ya sé que la filosofía no está de moda. Pero esta mañana hablando sobre la mediocridad de nuestra clase política recordé que hace años había leído algo muy interesante sobre este tema, probablemente escrito por Platón.

Me he pasado parte de esta tarde investigando y, tras comprobar que aún conservo una memoria aceptable, he localizado el texto que quería. Efectivamente es un párrafo del libro La República escrito por Platón, quien  pone en boca de Sócrates el siguiente argumento:

“Los buenos no apetecen el gobierno por las riquezas ni por la honra, porque no son ambiciosos. Ahora bien, el mejor castigo para un hombre que no se decide a gobernar, es de ser gobernado por otro inferior a él, y el temor a ese castigo determina a los hombre de bien a intervenir en los asuntos públicos, y se mezclan a ellos, no por interés personal, ni por placer, sino por necesidad”.

Fin de la cita.