¡Se acerca el sorteo de la lotería!!!

loteria_forges[1]Tengo que reconocer que durante el año encuentro pocos momentos tan desagradables como estar escuchando una mañana entera a los repelentes niños de San Ildefonso cantando números y premios, sobre los que tengo la certeza total y absoluta que ninguno me tiene a mí como destinatario. Ahora bien, tampoco pienso renunciar a uno de los acontecimientos que marcan el inicio de las festividades navideñas, de las que me declaro un gran seguidor, por lo que, tirando de refranero, podríamos decir aquello de sarna con gusto no pica.

El sorteo de lotería de Navidad es una tradición a la que muy pocos permanecen ajenos, y que está rodeado de un montón de anécdotas curiosas. Así desde el año 1812 y hasta este año, nunca se ha cancelado un sorteo, ni siquiera durante los años que duró la Guerra Civil; y los más aficionados a este juego de azar ya empiezan a aprovisionarse con los primeros décimos desde el mes de julio.

Lógicamente, a partir del año 2002 el sorteo se realiza en euros y por eso ese año el sorteo duró unos diez minutos menos que en años anteriores, por el simple hecho de tratarse de cifras más cortas. Está claro que no es lo mismo cantar ¡ciento cincuenta miiil peseeetaaas! que ¡miiil eurooos!

Para los que no creen en la suerte, fijándonos en las estadísticas puras y duras podemos comprobar que la terminación que menos ha salido es el 1, que lo ha hecho solo en ocho ocasiones; por el contrario la terminación más repetida es el 5, seguida del 4 y el 6. Y en tantos años de historia sorprende que los únicos números que han sido agraciados con el gordo en dos ocasiones hayan sido el 15640 y el 20297. También resulta muy curioso que el primer premio nunca ha acabado en 13, ya que es el número que siempre se relaciona con la mala suerte, aunque por el contrario es uno de los más demandados por los jugadores.

En el apartado de las supersticiones, existen muchas y muy variadas… vamos, que podríamos decir que hay tantas como personas que juegan a la lotería. Una de las más extendidas consiste en frotar el décimo en busca de la suerte, y ese frotamiento admite múltiples variantes, como hacerlo en el lomo de un gato negro, en el vientre de una embarazada, en la cabeza de un calvo o en la chepa de un jorobado.

Y qué decir sobre el momento de comprar los décimos o las participaciones. Podemos encontrarnos con jugadores abonados desde años al mismo número, hasta otros que se desplazan hasta lugares en los que ha sucedido alguna catástrofe con la certeza de que justo ahí la suerte hará su aparición.

Auténticos profesionales de la lotería son aquellos que se aseguran de entrar en la administración con el pie izquierdo y de que el lotero les despacha el billete con la mano derecha. Y, en el caso de que haya colas, se colocan en el lado izquierdo los días impares y en el derecho los pares.

Pero la costumbre que ya está muy extendida es la de buscar un número asociado a una fecha relevante, como el nacimiento de un ser querido, un acontecimiento deportivo, la visita del Papa o el fallecimiento de algún cantante famoso. Y así este año han estado muy solicitados el 10712 (final de la Eurocopa ganada por España) y el 17912 (dimisión de Esperanza Aguirre). Desde hace dos años se suele agotar el 11710 (España campeona del mundo en Sudáfrica), y los buenos coruñeses intentan año tras año hacerse con alguna participación del 19500, día en el que el Depor consiguió el título de campeón de liga.

Ahora lo que voy a hacer es servirme una copa con dos cubitos y esperar que mis queridos lectores me envíen participaciones de sus números favoritos, con la esperanza de que nos toque y poder compartir algún pellizquito.

Por cierto, no hagan caso de esa matraca de lo importante es tener salud que se repite todos los años una vez comprobado que no nos ha tocado la lotería… he conocido a más de uno que no le tocó ni una mísera pedrea y que ya se ha ido para el otro barrio…

El segundo milagro de Lendoiro

Tras decretar la Agencia Tributaria el embargo de las cuentas y de todos los ingresos del R.C. Deportivo de La Coruña, y mientras se espera que el presidente Lendoiro tome la decisión de solicitar el concurso de acreedores, desde Con dos cubitos nos hacemos eco del post publicado en Bajarla al pasto titulado El segundo milagro de Lendoiro, y nos sumamos al mensaje de apoyo al club resumido en el grito de ¡FORZA DEPOR!!!

 

Amor y odio entre política y deporte

El pasado domingo en el Camp Nou se vivió un episodio en el que participaron de la mano la política o el fútbol, o mejor dicho, la política se benefició de la repercusión mediática de una competición deportiva para utilizarla como altavoz de su mensaje. En esta ocasión, los políticos catalanes, con el asentimiento de los dirigentes del F.C. Barcelona, encabezados por su presidente Sandro Rosell, utilizaron la trascendencia de un Barça-Real Madrid para pedir la independencia de Cataluña.

También es cierto que este acto fue magnificado por parte de los medios de comunicación, como si fuese la primera vez en la que en un estadio confluían política y deporte, cuando la historia está llena de ejemplos de las veces en las que la política ha utilizado acontecimientos deportivos relevantes para ponerlos al servicio de sus intereses.

La mayor cita del deporte a nivel mundial se produce cada cuatro años con la celebración de los Juegos Olímpicos, muchas de cuyas ediciones también estuvieron salpicadas de decisiones políticas que acabaron influyendo en su desarrollo.

Así los JJ.OO. de Berlín’36 fueron unos juegos polémicos por la presencia de Hitler, aunque le habían sido concedidos a Alemania en el año 1931, más de una año antes de que el führer accediese al poder. Famoso fue el desplante que el gobierno alemán dispensó a Jesse Owens, atleta americano de raza negra que fue la estrella de los Juegos, aunque posteriormente en sus memorias confesó que lo que de verdad le había dolido fue que Roosevelt no le recibió en la Casa Blanca, al estar en vísperas de elecciones y necesitar el voto de los electores de los estados del sur. Destacar también que España, por motivos políticos, boicoteó y no participó en estos Juegos.

Ahora bien, para boicots, el sufrido en los JJ.OO. de Moscú’80. En plena guerra fría, y tras la invasión de Afganistán por parte de ejército de la Unión Soviética, Estados Unidos decidió boicotearlos, a solo seis meses de su inicio, con la amenaza por parte del presidente Carter de revocar el pasaporte a los atletas norteamericanos que participasen. Sesenta y cinco países, como los aliados americanos Alemania Occidental, Canadá y Japón, se sumaron al boicot, así como la República Popular China, enemistada con la URSS. Otros países, entre ellos Gran Bretaña, Australia, Francia o España, apoyaron el boicot, pero aún así estuvieron en los juegos, aunque bajo la bandera olímpica o bajo la bandera de su respectivo comité olímpico.

Cuatro años más tarde, en Los Ángeles’84, catorce países del bloque del éste, liderados por la Unión Soviética, devolvieron el boicot, destacando las ausencias de los atletas de Alemania Oriental y Bulgaria.

Y, por supuesto, el plano doméstico y balompédico también está salpicado de constantes encuentros y desencuentros entre el fútbol y la política. Así el inefable Jesús Gil, implicado en incontables causas judiciales, llegó a declarar ante el juez que “como trabajaba en una única mesa despacho, en la que atendía asuntos del Atlético de Madrid, del Ayuntamiento de Marbella y sus negocios particulares, podría ser que, en alguna ocasión, se hubiesen entremezclado los papeles de unos asuntos con otros”… sencillamente delirante.

Otro hervidero en el que el poder político, económico y financiero se ha servido del fútbol, y viceversa, es el palco del Santiago Bernabéu. Y no hace falta irnos a los tiempos en los que presidía el club el hombre que da nombre al estadio, y en el que se celebraban constantes actos de enaltecimiento y adhesión al régimen de la época. En los últimos años, es sabido que trascendentes decisiones políticas y financieras se han tomado en dicho antepalco entre copas y canapés, ya que tanto políticos de todas las tendencias como los empresarios más poderosos son visitantes asiduos a dicho palco. Así, lo normal es ver a Florentino Pérez rodeado de caras conocidas, como Aznar, Rubalcaba, Bermejo, Rato, Blesa, Del Rivero, Villar Mir…

También es muy curioso comprobar como los políticos de turno se suman como auténticos forofos a cualquier celebración deportiva. Tras las victorias este año del Real Madrid en la liga y del Atlético de Madrid en la Europa League resultó muy chusco ver a Esperanza Aguirre y a Ana Botella dando saltitos y emitiendo grititos embutidas en las camisetas de los dos equipos de la capital… el ridículo no importa si a cambio se consiguen un puñado de votos.

Como destacado desencuentro, hay que recordar el desplante que sufrió el Príncipe de Asturias en la última final de la Copa del Rey de fútbol. Y no me refiero a los silbidos emitidos por numerosos aficionados mientras sonaba el himno español, que apenas duraron 10-15 segundos según relaté en un post publicado en el blog Bajarla al pasto, sino a la ausencia de la Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, una de las anfitrionas del evento, y a la negativa por parte de Florentino Pérez de ceder el estadio del Real Madrid para la disputa de dicho partido, alegando una inaplazable reforma de sus retretes (esperemos que fuesen los de todas las localidades, no sólo la de los situados en el palco que albergatan insignes traseros como los anteriormente relacionados).

Particularmente, me molesta que los gobernantes se aprovechen de los acontecimientos deportivos para transmitir sus mensajes, sean del signo que sean, y me desagrada que los dirigentes deportivos se bajen los pantaloncitos por la media pierna ante el poder y se presten a servir de altavoces de las intenciones de los mandamases del momento. Pero, por desgracia, ya sabemos que los tentáculos de la política llegan a todas partes y, lo malo, es que generan tensiones innecesarias que, en el caso que nos ocupa, no tienen nada que ver ni con el deporte en general ni con el fútbol en particular.

Porque, seguro que están conmigo, pocos placeres hay en la vida más intensos que sentarse cómodamente, servirse una copa con dos cubitos y disfrutar de un buen partido de fútbol o de cualquier otro acontecimiento deportivo.

Los diabólicos desayunos buffet de los hoteles

Cuando uno organiza un viajecito y el hotel amablemente nos confirma que la tarifa que nos ofrecen incluye el desayuno buffet, experimentamos una desbordante e injustificada sensación de alegría como si el resto de los días del año no desayunásemos.

Pero si nos paramos a analizar la metralla que nos atizan en dichos desayunos, probablemente cambiase nuestra opinión. Porque, ¿quién en su sano juicio es capaz de meterse en el cuerpo a primera hora de la mañana una cantidad de alimentos que bien podrían alimentar a una cuadrilla de albañiles?

En un desayuno buffet que se precie no podrán faltar café, leche (entera, semi, desnatada y ese vomitivo llamado leche de soja), infusiones inverosímiles, cacao en polvo, galletas, bizcochos, bollería industrial, cruasanes, donuts, cereales variados… perdón, porque el temita del café se merece un apunte: normalmente está presentado en un artefacto metálico de grandes dimensiones provisto con un pitorrito y cada uno se lo sirve en su taza. El misterio radica en qué demonios vuelcan en ese artilugio, porque café, lo que entendemos como café, les aseguro que no es; pero, curiosamente, al contrario de lo que hacemos a diario en nuestras casas, la mayoría tomamos una segunda taza… aunque nos repugne y lo hagamos entre arcadas. En su favor, y así la experiencia lo demuestra, es que tiene un efecto laxante inmediato, cosa que se agradece cuando uno sale de su casa y tiene problemas de tránsito intestinal.

Otro apartado destacado es el de los huevos, del que confieso que soy un apasionado consumidor, siempre que no falten esa tortilla de patata que está demostrado que, si se cae al suelo, rebota; esos huevos fritos apelmazados y, por supuesto, la tan celebrada papilla de huevos revueltos. Y, en cualquiera de estas modalidades, es obligatorio acompañarlos por bacon o chorizo frito, por lo que en una sentada nos habremos metido en el cuerpo una cantidad de colesterol del que tardaremos varios meses en desprendernos.

Las fuentes de fiambres y embutidos también cuentan con un gran número de seguidores, aunque se puede afirmar que no están comprados en ninguna tienda del gourmet. Es más, casi me atrevería a asegurar que ninguno proviene del cerdo porque el color del jamón, del chorizo y del salchichón suele ser bastante sospechoso. Y qué decir del salami… he visto a gente que en su vida lo había probado comerlo con tal fruición como si hubiesen anunciado que el fin del mundo estaba al caer.

Pero lo que realmente tiene contentos a los inspectores de la Organización Mundial de la Salud es el asuntito del consumo de fruta, porque hay que reconocer que no hay quien se resista a tomarla cuando te la presentan peladita, cortadita y sin pepitas. En cambio la sección de los zumos deja mucho que desear, a no ser que uno se contente con tomar algo fresquito, aunque con un ligero sabor a jarabe.

Con todos estos ingredientes, comprobamos que lo que podía ser uno de los momentos más agradables del día se convierte en un auténtico martirio, porque siempre es una mala opción anteponer la cantidad ante la calidad. Y, además, es un suplicio pelearte cuerpo a cuerpo con un montón de muertos de hambre que no dudan en meter los codos para hacerse sitio en cuanto sospechan que se están acabando alguno de los supuestos manjares.

Como a esas horas del día no es conveniente tomarse una copa, les recomiendo que, cuando vuelvan a estar en un hotel disfrutando de un desayuno buffet, se sienten cómodamente a una distancia prudencial del ajetreo, se sirvan un zumo con dos cubitos (da igual que se les agüe un poco mas) y disfruten del espectáculo… aunque ese día salgan a la calle sin desayunar.

Artilugios, cachivaches y otros trastos

 

Con el paso del tiempo muchos hogares se acaban convirtiendo en una especie de almacenes en los que tienen cabida los más objetos dispares e inútiles. En ocasiones, bien porque nos lo ha regalado fulanito o bien porque “como está nuevo no lo voy a tirar”, acabamos acumulando un montón de artilugios que nunca hemos utilizados, y sobre los que tenemos la certeza que jamás utilizaremos.

Así, a bote pronto, se me vienen varios a la cabeza, entre los cuales es obligatorio destacar los siguientes:

. La bicicleta estática. Seguro que más de uno, en cuanto empezó a leer este artículo, fué el primero en el que pensó. No se conoce a ningún propietario de este trasto que la utilice con regularidad; es más, al inventor habría que darle un premio, porque hay que ser un genio para conseguir vender como churros una bicicleta sin ruedas. El final de este aparato imposible suele ser ocupar un rincón en algún pasillo donde se acaba utilizando como perchero.

. La Thermomix. Uno de los engañabobos por excelencia. Si es tan cómoda, no mancha, cocina sola y todo sale buenísimo… ¿por qué nadie la utiliza? A mayores, es un cachivache de un tamaño respetable, y en la cocina normalmente está colocado en un lugar bien visible para que las visitas al verla pongan cara de envidia y digan “¿pero, coño, tú también tienes la Thermomix?”. Compitiendo en todas las cocinas con un estorbo de estas características están la vaporeta, la licuadora y el cuchillo eléctrico, tres artefactos que bien podrían ser vendidos en una armería.

. La centrifugadora de lechuga. El tipo que discurrió, patentó y puso en el mercado este cacharro debería de donar su cerebro a la ciencia, porque es imposible que lo tenga igual que la mayoría de los mortales. Hay que tener mucho tiempo libre y una imaginación desbordante para diseñar un aparato para secar la lechuga… con lo cómodo que es hacerlo con el típico trapito de cocina.

. La tienda de campaña. Los que hace años se compraron las conocidas como tienda-chalet para pasar un intenso fin de semana de camping, probablemente hayan destrozado su vida y, a día de hoy, todavía estén pagando las consecuencias. Unida a esa compra, seguro que también se aprovisionaron con sacos de dormir, una mesa y sillas plegables, un hornillo, varias colchonetas y diversos modelos de linternas y farolillos, objetos todos ellos que jamás han vuelto a utilizar y que hoy en día ocupan, aproximadamente, dos tercios del trastero.

Y, como siempre nos gusta acabar de leer estos artículos tomando una copa con dos cubitos, no podría despedirme sin recordar esos demenciales juegos de cocktail, normalmente regalado por algún amigo chistoso, que nos inutilizan varias estanterías y que nunca usamos, porque donde realmente sabe bien una copa es en la típica de balón o en el insuperable vaso de tubo de toda la vida.