Carreras populares

carrera torre de hércules(1)El pasado domingo 3 de febrero participé en la III Carrera Popular Torre de Hércules, que se celebró en La Coruña, con un recorrido de 7.000 metros y una participación que sobrepasó, entre todas las categorías, los mil corredores.

Gente de todas las edades nos dimos cita para practicar deporte corriendo por una de las zonas más bellas de nuestra ciudad, en una mañana espléndida para la práctica de cualquier actividad al aire libre. A las 10 de la mañana se diputaron las pruebas en las que corrieron los atletas más pequeños, y a las 12:15h se dio la salida para la carrera absoluta.

Tras salir de la explanada situada en la zona de la Torre de Hércules, pasamos por los menhires, llegamos a Adormideras y desde allí enfilamos la primera dificultad, subiendo la dura cuesta que, dejando el Club de Mar a nuestra izquierda, nos llevó hasta el paseo marítimo; desde ahí bajamos en dirección al Castillo de San Antón, pasando por delante de la R.S.D. Hípica, girando a la altura del Real Club Náutico.

La vuelta  era el mismo circuito en dirección al faro, por lo que prácticamente todo el recorrido fue en subida, lo que hizo que los corredores fuésemos mostrando síntomas de fatiga. Pero el plato fuerte estaba por llegar, ya que la llegada estaba situada al pié de la Torre de Hércules, por lo que os puedo asegurar que esos últimos doscientos metros han sido, probablemente, los más largos de mi vida. Por eso resultó tan de agradecer los gritos de ánimo que se escuchaban por parte del numeroso público que se dio cita en el tramo final de la carrera.Al llegar, sonrisas y caras de satisfacción por haber alcanzado la meta, mientras, quien más y quien menos, mirábamos el tiempo que habíamos realizado para comprobar si el entrenamiento de los días anteriores había dado sus frutos.

Con esta pequeña crónica quiero animar a los clubes de nuestra ciudad a que sigan organizando eventos deportivos, a las instituciones que presten su apoyo económico y en infraestructura para fomentar hábitos de vida saludables entre los ciudadanos, y a las empresas que presten su colaboración, ya que les puedo asegurar que es la mejor inversión publicitaria que pueden realizar.

Salir a correr es una actividad placentera que se puede practicar a cualquier edad y en cualquier sitio. Además hoy en día se celebran carreras populares con bastante asiduidad en muchas localidades, y sobre distintas distancias; así es que calzaros las zapatillas, disfrutar del placer que provocar trotar por vuestra ciudad y, al acabar, no olvidéis tomaros una bebida isotónica con dos cubitos.

Correr, leer… o viceversa

Dos de mis grandes aficiones son correr y leer, y durante los últimos meses he tenido la suerte de que, casualmente, han caído en mis manos dos libros que hablan sobre correr, aunque no tienen nada que ver entre ellos.

El primero se titula De qué hablo cuando hablo de correr (Tusquets Editores, 2010) del escritor japonés Haruki Murakami (Kioto, 1949). En el año 1982 Murakami, que hasta ese momento se había dedicado a los más variados oficios, tomó la decisión de dedicarse en exclusiva a la literatura y, al mismo tiempo, comenzó a correr, completando al año siguiente su primer maratón.

Después de treinta años, y tras una extensa producción literaria y de haber participado en un gran número de carreras en diversas ciudades del mundo, el autor reflexiona en este libro sobre la influencia que el deporte ha tenido en su vida, tanto en el aspecto personal como en el profesional. Gran aficionado a la música, el lector también podrá encontrar a través de 270 apasionantes páginas recomendaciones musicales tan dispares como Rolling Stones, Carla Thomas, Lovin’ Spoonful, Otis Redding o Eric Clapton.

Este libro es de lectura obligada para todos aquellos que salimos a correr simplemente por el placer que se experimenta acumulando kilómetros en las piernas, y que en muchas ocasiones nos hemos encontrado ante sensaciones o situaciones similares a las que nos relata el autor.

Como dice Murakami en un párrafo de su novela “prepararte para un maratón y correrlo es como escribir una novela y publicarla: llegar a la meta, no importa el tiempo que tardes en recorrerla”.

El segundo libro se titula simplemente Correr (Editorial Anagrama, 2010). En él, el escritor francés Jean Echenoz (Orange, 1947) nos relata la vida de Emil Zátopek, atleta checo y, probablemente, el mejor fondista de la historia. Entre los méritos del conocido como “la locomotora humana”, destaca su participación en los Juegos Olímpicos de Helsinki en el año 1952, en los que logró las medallas de oro en los 5.000 metros, 10.000 metros y maratón, resultados que ningún otro atleta ha sido capaz de conseguir.

Para Zátopek, convertido en un icono del régimen comunista soviético, correr era lo que le daba sentido a su vida, aunque al mismo tiempo se la arruinó. Dicho régimen, temeroso de que el atleta decidiese escapar aprovechando las numerosas invitaciones que recibía para competir en Europa Occidental y en Estados Unidos, llegó a limitar sus desplazamientos e, incluso, a manipular sus declaraciones.

En solo 140 páginas, Echenoz, considerado como “la mayor esperanza de las letras francesas”, es capaz de condensar treinta años de la historia de Europa a través de la vida de Zátopek. La novela arranca en el año 1938 con la invasión nazi y finaliza con la primavera de Praga de 1968.

Al mismo tiempo que les recomiendo la lectura de estas dos pequeñas obras de arte, les animo a que se pongan unas zapatillas y, sea la hora que sea y haga el día que haga, salgan a correr… aunque ahora alguno no se lo crea, me lo acabarán agradeciendo.