Localismos y la otra “Roja”

Desde siempre a todo el mundo lo que más le gusta y de lo que más presume es de lo que tiene en su localidad. Así la iglesia más bonita, la plaza más acogedora, la playa más limpia y los jardines más cuidados siempre son los que tenemos al lado de nuestra casa (y, aunque no sea cierto, lo defenderemos con vehemencia ante la gente de fuera). Por supuesto, la tortilla de la abuela es la más rica y las fiestas de nuestro pueblo son las más divertidas. Incluso, en ese afán desmedido por proclamar lo de uno, hay quien ha llegado a afirmar que “nadie tira a una cabra desde un campanario con tanta gracia como nosotros”.

Perich, el gran escritor y humorista gráfico catalán, argumentaba esta teoría de “nada como lo nuestro” contando la siguiente historia: “Cuando voy a la playa y un niño me tira arena no me hace ni pizca de gracia; por el contrario, cuando mi hija le tira arena a otros señores me parece muy divertido. Esto demuestra que mi hija tira la arena con más gracia que los otros niños”. Deducción tan lógica como desternillante.

Si este pensamiento lo trasladamos al mundo del fútbol, podemos comprobar que, en cualquier campo de España, cuando un jugador hace un control de balón sin caerse al suelo, o regatea a un rival aunque sea dándole con las canillas, es más que probable que al domingo siguiente haya alguna pancarta en el estadio exigiendo “Zutanito selección”.

Así, no hace muchos años y atendiendo a esas peticiones, la siempre llamada selección española, conocida hoy en día con el cursilón nombre de “la Roja”, bien pudo estar formada por los siguientes jugadores: Liaño, buen portero, aunque no era más que el último eslabón (el primero era Claudio Barragán) de un endiablado entramado defensivo cocinado en la marmita de “o bruxo de Arteixo”; la defensa la formarían dos trotones por las bandas, como Pizo Gómez y el deportivista Sabín Bilbao, arropados por un rudo central como Sañudo y un líbero elegante como Tocornal; en la sala de máquinas estaría el Tato Abadía con la desbrozadora, al lado de Poyatos, un organizador equipado con bomba de achique, y un fino estilista como el navarro Bustingorri. En la delantera jugaría G. Pitarch por una banda con Onésimo por la otra (Onésimo fue el máximo representante de la filigrana y el regate tan maravilloso como improductivo; es más, por su forma de moverse, en vez de jugar al fútbol bien podía haber formado parte de la cuadrilla del bombero torero); en punta, Pichi Lucas como delantero centro rompedor (el goleador celtiña de la década de los 80 incluso llegó a sonar como posible fichaje del Milan).

Esta temporada, tras el incendio provocado por los componentes de la selección después de la guerra de los clásicos Madrid-Barça, ha llegado el momento de hacer una revolución y, atendiendo a las informaciones aparecidas en las respectivas prensas locales, formar un nuevo grupo con el que conseguir la clasificación y revalidar el título en la próxima Eurocopa. La selección, entrenada por “guiñol” Karanka, estaría formada por Calatayud; Chica, Ballesteros, Lopo, José Angel; Zurutustra, Apoño, Camuñas; Crusat, Toquero y Colunga.

A la vista de este equipo, seguro que Malta, Chipre, Moldavia y las islas Feroe deben estar rezando para que la selección española (no, perdón…la “roja”!!!) les toque en su grupo y así tener la posibilidad de conseguir algún punto.

Como conclusión, y para evitar un ridículo como el del supuesto antes planteado, me atrevo a afirmar que, para prosperar en todos los ámbitos, lo mejor es que dejemos de mirarnos el ombligo, ampliemos horizontes y luchemos por alcanzarlos.