Cuando se quiere, se puede

marquesinaEn el mes de febrero publiqué un post titulado Mala educación, feísmo y marquesinas-maceta en el que me quejaba, entre otras cosas, de la situación en la que se encontraba una marquesina en un parada de autobús en el entorno de la presa de Cecebre. El estado de abandono y de dejadez de dicha marquesina lo utilicé como argumento para denunciar el pasotismo de las administraciones públicas a la hora de resolver pequeños problemas que son, al fin y cabo, lo que consiguen que la vida de los vecinos sea más agradable.

Pues bien. Ahora tengo el gusto de contaros que estos días he vuelto a pasar por allí, y me he llevado una gran alegría al comprobar que la marquesina en cuestión ha sido cambiada y que han desbrozado y limpiado la maleza que cubría a la anterior.

No tengo ninguda duda sobre que el post que publiqué en Con dos cubitos no ha tenido absolutamente nada que ver en la decisión que motivió la resolución de ese atentado al buen gusto. Pero de la misma forma que lo denuncié, también quiero dejar constancia de que cuando se quiere, se puede.

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Un comentario en “Cuando se quiere, se puede

  1. Pingback: Cuando se quiere, se puede (volumen 2) | Con dos cubitos

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